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Movimentos portugueses

2016/12/01

Preliminar

Recuerdos

5 de noviembre de 2016

Querido Gustavo:
El día anterior a partir de Lisboa hice tu recorrido en busca de la estatua de Eça de Queiroz. Comencé por la ribera y busqué la calle Rua do Alecrim. Donde comienza la calle había una obra pública paralela al río bastante importante. Comencé a subir la calle, había mucho trafico y movimiento. Vi pasar unos cuantos tranvías rojos, que son los de las empresas privadas de turismo. También los hay amarillos, que son de transporte público. Vi el gran edificio con modernas oficinas en alquiler, y más adelante el local de la fábrica de azulejos Sant’ Anna. Este local es un show room, la fábrica propiamente dicha se encuentra más alejada. Me hubiera gustado tener más tiempo para conocerla y hacer la visita guiada que mencionan en el folleto. Me quedé largo rato mirando los azulejos en exposición. Tomé fotos sólo del exterior del local, muy lindo, ya que en el interior no se podía. Todo Lisboa, y también Oporto, es una muestra al aire libre de azulejos. Es una de las características más bonitas y llamativas al recorrer la ciudad. En la plaza encontré la estatua, debo decir que me apenó el estado de la misma. El descuido de la plazoleta es evidente y había mucha basura por doquier. En el pie de la estatua, leí la hermosa frase que citás en tu texto. Continué camino hacia Camões, a quien enseguida encontré. Ya estaba anocheciendo para entonces y había mucho movimiento, tanto de turistas como de gente local, es un punto de encuentro para jóvenes. Había un casamiento en una de las iglesias que rodean la plaza y una despedida de solteros muy jolgoriosa que obligaba al futuro esposo a realizar prendas avergonzantes frente a toda la audiencia transeúnte. Allí estaba el Café O trevo, pero me faltó probar la cuixa, será la próxima. Sí probé la ginginha, un licor dulzón, en un lugar bonito cerca de allí y tambien en otro lugar muy histórico y tradicional que encontramos la noche anterior de casualidad, pero luego no pude volver a encontrar.
A la mañana siguiente, el mismo día de mi partida, me levanté temprano y tomé el subte hasta la Fundación Calouste Gulbenkian. Ocupa un gran predio, tiene un bello parque de utilización libre y varios edificios dedicados a distintas muestras de arte. Todo estaba muy arreglado. Caminé un rato por el parque y al principio parecía que estaba sola en todo el predio, pero luego fueron apareciendo de a poco algunos turistas y otras personas locales, simplemente paseando o haciendo ejercicio. Ya eran 10:15, y había averiguado que abrían a las 10:00, pero me acerqué a la entrada de uno de los edificios y no vi ningún movimiento. Le pregunté a un guardia y me dijo que abrían a las 10:00, mi reloj marcaba 10:30 ya y pensé que por ser domingo estaban un poco atrasados. Caminé un rato más y pude entrar a uno de los edificios. No había nadie y me crucé con una empleada y le pregunté si podia pasar al baño. Muy amablemente me indicó cómo llegar. Cuando salí del baño me senté en uno de los grandes sillones del hall y enfrente mío estaba el reloj. Ahí reparé que eran 9:45 y no 10:45 como yo tenía. ¡Había estado tres días viviendo una hora atrasada! Resulta ser que justo había cambiado el horario de invierno y nunca nos habíamos dado cuenta. Fue genial el descubrimiento, porque podría haber perdido el vuelo. Luego recorrí rápidamente una de las exposiciones temporarias. Todas las salas son grandes y espaciosas, y el lugar invita a quedarse, pero el tiempo es tirano y partí pues quería seguir recorriendo la ciudad antes del vuelo.
Cecilia

5 de septiembre de 2016

Hola Cecilia:
Quiero que leas esta primera parte de la búsqueda de una frase de Eça de Queiroz: La reliquia. Después de comenzar a escribirla, noté que El año de la muerte de Ricardo Reis da cuenta de la frase en el pedestal de la estatua de Eça.
Mi texto vagabundea por Lisboa hasta dar luego con la auténtica estatua de mármol de Eça, porque la de la plaza de las palmeras es un copia en bronce de la original. La original fue vandalizada y yo usé una fotografía de ella como tapa de la edición de La reliquia para la biblioteca de Mono.
Reis hace el mismo recorrido que mi texto y avanza unas cuadras más arriba por la Rua de Alecrim hasta la plazoleta de Luís de Camões. En su novela, José Saramago, entre otras cosas, compara a la estatua del poeta-héroe nacional con D’artagnan. El caso es que en el trayecto de mi texto, hay una parada en el café O Trevo, que se encuentra en la esquina de la Rua de Alecrim y la plazoleta de Camões. Te recomiendo que pruebes allí las comidas típicas: cuixa de pollo (croqueta de muslo y cebollas) y la bifana (sandwich de cerdo). Tiempo después, también vi que el degustador de platos al paso, Anthony Bourdain, lo había visitado.
Mi paseo fue ocasión de muchos descubrimientos: las estatuas de Eça, las comidas típicas, el significado del nombre: Rua de Alecrim. Vos me contarás los tuyos. Dicen que esas comidas de O Trevo sientan muito saborosas con un porroncito de imperial.
Gustavo

PS 1: Al revisar la novela de Queiroz encontré una infusión que en algunas versiones en castellano (otras la omiten) aparece como «taza de culantrillo». En portugués es capilé. Efectivamente, se hace con hojitas del helecho y sirve como refresco.
PS 2: Tengo un contacto portugués, A. Gonçalves, que escribe lindo. Te comparto su visión del predio de la Fundação Calouste Gulbenkian, un sitio que se encuentra cerca del Museu da Cidade. Quisiera visitar ambos algún día:
Se todas as freguesias de Lisboa tivesse um jardim como o jardim da Fundação Gulbenkian, a cidade seria bem mais agradável. Parece que andei a passear mas estava só de passagem num intervalo do trabalho na zona e aproveitei para fazer um rápido safari fotográfico. Tive o cuidado de não fotografar a sui géneris fauna humana, (três casais de namorados, dois hetero e um homo, dois sem abrigo que se refugiam do calor, inúmeras mães com os seus bebes, algumas moças que conversam, turistas que apanham banhos de sol deitadas na relva como se estivessem na praia, uma adolescente negra que passou por mim várias vezes, ou eu por ela, já nem sei, etc, etc.) fiquei-me pelo jardim em toda sua plenitude, que magnífico jardim, que local bonito, nunca me canso de lá ir…
PS 3: Luís de Camões es el padre de las letras portuguesas, por esta razón Saramago escribió que todos los caminos de Lisboa conducen a Camões.
El narrador de El año de la muerte de Ricardo Reis sigue el andar repetido de su personaje alrededor del bronce de Camões. Contempla y rumorea ironías al pie de la estatua que lleva espada y dice que parece la del mosquetero D’artagnan.
No es la única estatua de Camões, sino que el poeta es uno de los prohombres del Monumento de los Descubrimientos, una especie de proa de piedra con dos planos inclinados de cada lado, donde ascienden figuras de reyes, navegantes, cartógrafos, matemáticos, clérigos y artistas. El sexto de la fila occidental del Monumento es Camões.
El dictador Salazar lo erigió en 1960 de cara al río Tajo (Salazar fue derrocado por la revolución de los claveles blancos, 1974: Saramago incluye lateralmente esta revolución en Manual de pintura y caligrafía). En la explanada del Monumento hay una rosa de los vientos que señala los descubrimientos de Portugal. El Río de la Plata aparece con data de 1514 (dos años antes de Solís). No en vano que el nombre de nuestro continente alude al navegante portugués Américo Vespucio.

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