Skip to content

Pensando en lo verdadero

Mano de Lori Nix

UN CHICO ESCRIBE sobre la espalda del padre y espera que éste descifre sus palabras. El adulto que escribe la novela recuerda el juego: «Yo escribía sobre mi padre». «Yo era leído por mi padre». Acaso no haya un acto fundacional más poderoso para la escritura. El adulto recupera el juego con toda su ambivalencia: la dicha que le depara la escritura y el desciframiento, la bronca porque el juego se interrumpa y pase a la brusquedad de lo físico. Y al escribir la novela, esa ambivalencia se multiplica. El escritor trata de descifrar a ese chico que trataba de descifrar a su madre y a su padre. No encuentra solución a esa especie de malentendido entre los padres de su infancia y sus viejas cartas, «una pila de palabras de amor desde donde yo comenzaría once años más tarde, nada menos, a pisar el mundo». Quizás el hecho de que esté vivo sea un capricho de las circunstancias. El primer enfrentamiento con la muerte es un gesto natural, con una conmovedora economía de gestos de reconocimiento entre pares, cuando el chico saluda a otro chico como él, que muere en la habitación contigua del hospital en el que están internados.
Escribe Samuel Beckett: «El hombre con buena memoria no recuerda nada porque no olvida nada. Su memoria es uniforme, hija de la rutina, a la vez condición y función de su costumbre impecable, un instrumento de referencia en vez de uno de descubrimiento.» En un sentido contrario podría leerse la novela de Gustavo López Ibarra. Desconfiando de la memoria, indaga en la fidelidad del recuerdo y en la naturaleza de la invención para completar una lógica que al narrador se le escapa. En esto consisten estas investigaciones en masa que conducen al viaje de descubrimiento. La novela tiene que ver con la necesidad de reponer e interrogar, con la intención de formular una lógica, armarla con retazos de la historia de los mayores (preciosas mortajas que la tía aprende a bordar por necesidad, estando embarazada), sin saber si será fiel al verdadero pasado, como esas reconstrucciones a partir de antiguas ruinas, que siempre nos dejan con la sensación de sospecha, pero también, de consuelo.

Por Silvia López
Facebook

Otras lecturas

Ilustración: Mano de Lori Nix en Beauty Shop ● THE CITY

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: