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Sondeos en el caos

DECÍA GILLES DELEUZE que aquello que no forma parte del presente, pertenece a la zona del sinsentido, en donde lo pasado se puede confundir con lo futuro, lo demasiado con lo insuficiente, lo muy grande con lo muy pequeño, lo viejo con lo joven, y así hasta el ineludible etcétera de las dicotomías. Es decir, siempre hay algo que se escurre hacia afuera del «orden impuesto por las Ideas», algo recurrente y acaso atormentador para buena parte de la humanidad. Y es que desde que discurrimos sobre la faz de la tierra, no hemos dejado de regresar una y otra vez a dos temas esenciales: poner orden ante el caos aparente que genera la existencia, y el intento, vano las más de las veces, de aprehender la propia vida a través de la memoria. La obsesión de la búsqueda de la propia identidad. Otro caos este último. Otra manía de ordenar las cosas, aunque a partir de algo fragmentario por definición como son los recuerdos. En Investigaciones en masa están presentes estos elementos como una forma de reconstrucción inacabada: a través de la memoria intenta el narrador acercarse a los remotos terrenos de la niñez, en la que presenciará una violencia más anclada en el terreno de lo mental que de lo físico, protagonizada por su padres, a partir de un hecho nimio aunque sustancial: el rechazo del padre por parte de la madre. La visión del niño-narrador muestra escenas que van desde la ternura (el descubrimiento de una escritura fugaz en la espalda del padre), la enfermedad como una especie de argamasa que unirá temporalmente a los seres queridos (al menos dentro de su imaginario), la muerte y la sexualidad como ígneos detonantes de lo inesperado, hasta la sospecha de lo demoníaco cotidiano: el asalto inexplicable de los gakis en ciertas circunstancias escatológicas, esos seres anhelantes de inmundicias, y acaso por ello mismo necesarios para el buen funcionamiento de la existencia; porque de otra forma, ¿en qué clase de escenario podría transcurrir la vida si todas esas inmundicias (no sólo físicas, sino también metafísicas) estuvieran bajo las suelas de los zapatos en cada paso efectuado? O quizá esos seres podrían representar precisamente la imposibilidad de escapar ante la inmundicia, su continua inundación en los resquicios más normales del día a día. Y por tanto, en cada anécdota, en cada búsqueda, en cada elucubración del narrador, habrá un tufillo que no permitirá olvidar el abismo agazapado tras cualquier acontecimiento, por más anodino que parezca a primera vista.
No es mi intención desentrañar la urdimbre de
Investigaciones en masa, pero creo que puedo anticipar que con el transcurrir de las páginas, el lector se topará de bruces con la puerta de un museo, en cuyas salas todas las piezas exhibidas son proclives de confundirse, y donde el propio lector puede hacer el juego de inspeccionarlas, a sabiendas de que será perseguido muy de cerca por sombras que no harán más que abrirle aristas inquietantes hacia el submundo familiar.

Por Víctor Sampayo
website: Rey Mono

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Ilustración: National Institutes of Health: Riding the forensic wave

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